lunes, 22 de abril de 2013

¿Y qué paso con tus sueños?

“A mí siempre me gusto el deporte”, “a mí siempre me gusto el baile, la música o el teatro”, “yo hubiera querido ser médico”, “yo soñaba con hacer esto o lo otro”. Son todas estas respuestas que escuchamos a diario, ya no solo de personas adultas, también las escuchamos de niños que piensan que esos grandes sueños, que albergan en sus corazoncitos, nunca se podrán mate...rializar.

O tal vez ya eres profesional y ya has logrado ciertas cosas en tu vida. Tal vez conseguiste cosas materiales o Papá Dios te ha regalado una esposa y unos hijos maravillosos… pero y ¿Qué paso con tus sueños? ¿Será que dejaste de soñar?

Que pregunta tan dura, pero a la vez tan fácil de responder. Todos absolutamente todos sabemos lo que ha sucedido con nuestro sueños, todos sabemos que ha pasado y el porqué no hemos logrado aquellas cosas que tanto anhelamos.

Tal vez no has contado con el apoyo suficiente por parte de los tuyos, tal vez una enfermedad o accidente te impidieron continuar el camino hacia tus sueños, tal vez un perdida o una decepción te marco la vida y no has podido superar ese dolor, o tal vez la pereza y la falta de dominio propio y disciplina no te deja alcanzar eso que tanto sueñas, o tal vez piensas que porque tienes 30,40,50,60,70,80 o 90 años ya no puedes alcanzar esos sueños que tenias desde niño.

La falta de pasión y carácter son necesarias para alcanzar aquellos sueños, pero sin duda una de las cosas más importantes que nos impide alcanzar esos sueños, son nuestras motivaciones. Veamos unos ejemplos:

Hay muchos que sueñan con tener poder para pasarles por encima a los demás.

Hay otros que sueñan con alcanzar algo para que otros vean que ellos si pueden (quiere decir que lo hacen por el que dirán).

Hay otros que sueñan con alcanzar cierta fama para satisfacer o llenar sus vacíos y levantar una autoestima mermada, tal vez porque se sienten menos por el color de su piel, o algún defecto o herida sufrida a lo largo de su vida, o tal vez por el maltrato emocional al que se ven expuestas las personas que van por el mundo escuchando palabras equivocadas de muchas gentes.

Es muy fácil identificar que ha pasado, y diagnosticar él porque no hemos logrado aquellos sueños. Lo difícil es que hacer para alcanzarlos, como resucitar aquellos sueños que han muerto, o como desenterrar aquellos sueños enterrados en el pasado, y como encaminarnos nuevamente hacia aquellos sueños que de solo pensarlos nos hacían sonreír.

La respuesta es muy sencilla, pero difícil de aceptar para muchos:
La respuesta es “JESUS” el único camino, la única verdad, y la única vida que lleva a Dios (Juan 14:6), que murió por ti y por mí, y que también resucito para darnos vida y vida en abundancia, Él nos conoce más que a nadie, sencillamente porque Él nos creó. Él sabe por qué y el para qué fuimos enviados a la tierra, el problema es que rechazamos y desconocemos esta gran verdad y por supuesto desconocemos el propósito de nuestra vida.

Es muy fácil abandonar esos sueños lindos, puros, trasparentes que teníamos desde niños cuando al pasar los años sufrimos el maltrato y el abuso de nuestra familia y amigos. Es fácil abandonar los sueños cuando depositas tu confianza en ese primer novio(a) que al pasar el tiempo te abandono. Es muy fácil abandonar los sueños cuando al trabajar para una empresa o persona, no eres valorado por lo que tú eres. Es fácil abandonar el sueño de tener una familia, cuando ves que las familias ya no son sólidas y se derrumban ante la más pequeña tempestad.

Pero también es muy fácil reconocer que no podemos solos, es muy fácil reconocer que en nuestras fuerzas pecamos y fallamos todos los días, es muy fácil pedirle al Señor, ven a nuestra vida, entra en nuestros corazones, quiero que me transformes y me ayudes a soñar, quiero que vengas a mi casa y resucites todo lo que ha muerto en nuestras vidas, que fácil es reconocer que sin Dios no podemos.

Lo que paso con nuestros sueños, es que nos desconectamos de quien nos ha permitido soñar. Nos desconectamos de quien nos dio su aliento de vida para realizar la tarea en este mundo. Lo que paso con nuestros sueños es que le diste la motivación incorrecta. Tu vida, tus sueños, y todo lo que tienes es de Dios y para Dios, es para agradarlo a Él.

La motivación de nuestros sueños, no puede ser el lastimar a otras personas, sino bendecirlas. La motivación de nuestros sueños no puede ser humillar a otras personas, sino inspirarlas y motivarlas a que saquen adelante sus propios sueños.

Tus sueños nacieron en tu corazón para ser alcanzados y ser vividos. Tus sueños están en tu corazón porque Dios te amo y te ama más que a nadie. Tus sueños están en tu corazón, porque tú eres una bendición de Dios para muchas familias, muchos pueblos y para el mundo entero.

“Tus sueños están en tu corazón, para hacer sonreír a Dios”.

Todos nacimos para ganar y soñar, pero de nada sirve si no soñamos, nos preparamos y vivimos esos sueños.

¿Y qué paso con tus sueños? Tú lo sabes, pero también sabes que hay un Dios que te ama, y que te ha dado sueños que deben ser alcanzados para tu felicidad y felicidad de otros.

Dios nos bendiga a todos, y nunca pero nunca dejemos de soñar.

Atentamente; STEVE BECERRA DE LA TORRE

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